
Volvemos de nuestro monográfico en el Master de Fermentación del Basque Culinary Center exultantes después de haber vivido un montón de experiencias junto a personas, animales y cosas fantásticas éstos pasados días.
Para Cuchara ha sido la celebración de nuestro 8º aniversario que también (y no es casual) coincide con el momento de transformación muy potente que estamos viviendo.
Cuchara es un proyecto que habla de vida y muerte enlazadas pero es que además de creyentes somos practicantes, porque la palabra de la señora para nosotras es algo vertebrador, esencial y que nos fundamenta.
Pero a lo que vamos: empezamos a preparar éste seminario imaginando un escenario en el que, por dos días, pudiéramos sumergirnos con los participantes (estudiantes y también otros seres con los que hemos generado situaciones durante nuestra estancia en Donosti de cabeza en la manera de hacer de Cuchara.
Tuvimos la fortuna de dar con el maravilloso trabajo y espacios de la Fundación Cristina Enea y, ya desde la distancia, planeando la primera jornada de trabajo de campo (y playa) supimos que estábamos hablando el mismo idioma con Oihana, nuestra interlocutora.

Todo el equipo nos acogieron exquisitamente y se metieron en el ajo porque ¡ellos son el ajo! Compartimos una mañana deliciosa (literal y metafóricamente) ya desde los jardines de ensoñación que rodean el Centro de Recursos Medioambientales, con unos pavos esplendorosos que nos salieron a saludar, como luego ya con la gente de la Fundación (Oihana, Mateo y Txema) que nos recibieron en su archivo de semillas Haziera. Con ellas estuvimos hablando de agroecología, cultivos sostenibles e iniciativas entorno a la alimentación en Donosti. Nos facilitaron un montón de info super útil para seguir con nuestro cometido de la mañana y también de gran utilidad para todas nosotras. Y, lo más importante, nos inocularon con su amor por la tierra y el componente activista que tan importante nos parece. Gracias por vuestra labor, larga vida!

Antes de partir, tomamos un desayuno de traje (yo traje ésto y tú lo otro) que las alumnas y nosotras mismas aportamos y pudimos empezar a entender como la mezcolanza y las redes de cuidados entretejidas son tan importantes. Babaganoush, hummus, pancakes, tortilla de verduras, fruta, pan… Hubo de todo y, desde esa mesa amorosa diseñamos el siguiente capítulo: un paseo por la ciudad charlando sobre el alimento y diseñando la actividad pública del día siguiente.

Entender el origen de lo que comemos, las implicaciones de su producción y distribución para luego crear un taller ciudadano de fermentación y cocina en nuestra deriva por las calles de Donosti fue fascinante y enriquecedor. Pensamos juntas, caminamos, debatimos, creamos… Compartimos, como nos gusta decir, miedos y esperanzas. Hablamos de nuestros diversos backgrounds y pusimos en común visiones para accionar todas juntas. Al final nos hicimos con un montón de verduras espectaculares de la huerta y de temporada y nos despedimos con toda la ilusión de la preparación para el día siguiente.
Hablando con este lindo grupo de estudiantes del Master nos reafirmamos en la importancia de la creación de redes de confianza y en la visión crítica para con el sistema alimentario, que son siempre nuestras áreas de interés y dedicación. También, de un modo más intangible, supimos que estábamos acertando con el set y el setting y nos retiramos a nuestros aposentos con la ilusión de la siguiente jornada.
Fotos: 1 y 3 Tallis Liu
2, 4, 5 Cuchara